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Ciutat Vella: El Corazón Milenario de València

El centro histórico, conocido como Ciutat Vella, es un auténtico museo al aire libre. Sus seis barrios —La Seu, La Xerea, El Carmen, El Mercat, Sant Francesc y El Pilar— conservan el trazado medieval de callejuelas que invitan a perderse. Fue en este perímetro amurallado donde nació la ciudad, primero como Valentia romana en el año 138 a.C., luego como Balansiya musulmana, y finalmente como capital del Reino de Valencia tras la conquista de Jaume I en 1238.

Barrio de La Seu-Xerea: Donde Nació Valencia

Este es el kilómetro cero de la ciudad. En el subsuelo de la Plaza de la Virgen se encuentra el Centro Arqueológico de l’Almoina, un yacimiento que permite viajar a los orígenes romanos de Valentia, con termas, foro y restos de la ciudad visigoda y musulmana. Presidiendo la plaza está la Basílica de la Virgen de los Desamparados, conocida cariñosamente como la Geperudeta por la inclinación de su imagen, patrona de la ciudad. Frente a ella, el Palau de la Generalitat, sede del gobierno valenciano, exhibe una magnífica fachada gótica tardía flanqueada por su emblemático patio naranjo.

La Catedral de Santa María es una síntesis de estilos: su planta es gótica, la portada románica (la única que se conserva) y la fachada principal es barroca. En su interior se guarda el Santo Cáliz, la reliquia que la tradición identifica con el copón usado por Cristo en la Última Cena. Subir los 207 escalones del Micalet, el campanario octogonal del siglo XIV, es el mejor mirador para contemplar el mar de tejados de la ciudad.

Muy cerca, la Plaza de la Reina es el verdadero corazón neurálgico, rodeada de terrazas y flanqueada por la torre de Santa Catalina. En este barrio también se encuentran joyas renacentistas como el Real Colegio del Corpus Christi (El Patriarca), con su claustro y museo de pintura flamenca e italiana.

Barrio del Carmen: Mil Años de Historia y el Arte de Vanguardia

El Carmen es, sin duda, el barrio con más personalidad de València. Nació extramuros en época musulmana y, tras la conquista cristiana, se convirtió en el refugio de los gremios medievales: velluters (tejedores de terciopelo), blanquers (curtidores), traginers (arrieros) y hasta cegos oracioners (invidentes que rezaban canciones). Esta mezcla gremial le confirió ese carácter canalla que aún conserva.

Pasear por el Carmen es toparse con la historia a cada paso. Aquí se conservan las dos únicas puertas monumentales de la muralla medieval cristiana: las Torres de Serranos (siglo XIV), por donde entraban los viajeros y embajadores, y las Torres de Quart, con sus impactantes marcas de los impactos de bala de la Guerra de la Independencia.

Junto a la muralla, la Calle de la Cruz conserva un lienzo de la fortificación árabe del siglo XI, que hoy forma parte del entramado de casas. El Portal de la Valldigna es un arco que desde 1400 separaba la zona cristiana de la morería, y en sus inmediaciones se instaló en 1474 la primera imprenta de la península ibérica, donde se imprimió el primer libro en valenciano.

El patrimonio religioso es imponente. La Iglesia de San Nicolás, conocida como la Capilla Sixtina valenciana, deslumbra con sus frescos barrocos recientemente restaurados. El Centre del Carme (antiguo convento del siglo XIII) es hoy un dinámico centro de cultura contemporánea, y junto a él, el IVAM (Institut Valencià d’Art Modern) ofrece una de las mejores colecciones de arte del siglo XX.

Pero el Carmen es también el barrio del street art. La Calle de los Colores (Calle Moret) es una galería de arte urbano al aire libre, y caminando se descubren los típicos atzucacs, callejones sin salida de origen árabe, y curiosidades como la Casa dels Gats, una mini casita para gatos en la fachada del número 9 de la calle Museo, que recuerda la altura que alcanzó la riada de 1957.

Barrio del Mercat: La Lonja, el Mercado y el Esplendor Medieval

Este barrio alberga dos de los monumentos más emblemáticos de València. La Llotja de la Seda (Lonja de la Seda) es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y la obra maestra del gótico civil mediterráneo. Su Sala de Contratación, con sus impresionantes columnas helicoidales que parecen palmeras de piedra, simboliza el esplendor comercial del Siglo de Oro valenciano, cuando los mercaderes tejían la seda y firmaban contratos que llegaban a toda Europa. No te pierdas las gárgolas y figuras fantásticas de sus fachadas.

Justo al lado, el Mercado Central es una de las grandes obras del modernismo valenciano (principios del siglo XX). Su estructura de hierro, vidrio y cerámica alberga más de 300 paradas, convirtiéndolo en el mayor mercado de productos frescos de Europa. Es un espectáculo para los sentidos: el color de las frutas y verduras de la huerta valenciana, el olor del pescado recién llegado del Grau, y la algarabía de los clientes.

Completa el triángulo monumental la Iglesia de los Santos Juanes, con su impresionante fachada barroca y frescos en su interior, y la Plaza Redonda, un singular espacio circular lleno de pequeñas tiendas de artesanía y tradición.

Barrio de Sant Francesc: El Ensanche Burgués y la Plaza Mayor

Este barrio es el centro neurálgico de la Valencia moderna. La Plaza del Ayuntamiento es el corazón administrativo y festivo, donde retumban las mascletàs durante las Fallas y se alzan el elegante edificio consistorial (ecléctico con toques modernistas) y la monumental fachada de Correos. Aquí se encuentra la Estación del Norte, una joya del modernismo valenciano con sus característicos azulejos y mosaicos.

La calle de la Paz y la calle Poeta Querol concentran las tiendas más exclusivas, con edificios señoriales de la burguesía de finales del XIX. En este barrio también se ubica el Museo de Bellas Artes de València, con una de las mejores pinacotecas de España, y el Palacio del Marqués de Dos Aguas, que alberga el Museo Nacional de Cerámica.

El Ensanche: Ruzafa, el Barrio de Moda

Al sur de la estación, cruzando la calle Colón, se extiende Ruzafa. Hasta 1877 fue un municipio independiente, y su iglesia parroquial, dedicada a San Valero y San Vicente Mártir, es conocida como la Catedral de Ruzafa. En las últimas décadas, Ruzafa se ha convertido en el epicentro de la movida valenciana: calles como la de Cuba, Literato Azorín o el Mercado de Ruzafa están llenas de bares de diseño, restaurantes de fusión y tiendas vintage. Es el lugar perfecto para tapear, tomar una copa y sentir la energía más contemporánea de la ciudad.

 

La Valencia Moderna y Vanguardista

La Ciudad de las Artes y las Ciencias

Diseñada por Santiago Calatrava y Félix Candela, este complejo arquitectónico es el icono de la Valencia del siglo XXI. Un paseo por su gran espejo de agua permite admirar el Hemisfèric (con forma de ojo), el Museo de las Ciencias Príncipe Felipe (con su esqueleto de esbeltas estructuras), el Umbracle (un jardín-mirador con esculturas), el Oceanogràfic (el mayor acuario de Europa con forma de nenúfar) y el Palau de les Arts Reina Sofía (dedicado a la música y las artes escénicas). Es un paseo imprescindible para entender la Valencia más innovadora.

El Jardín del Turia y los Puentes

El antiguo cauce del río Turia, desviado tras la gran riada de 1957, se ha transformado en el jardín urbano más largo de España, con más de 9 kilómetros lineales que atraviesan la ciudad. Es el pulmón verde de València, ideal para pasear, correr o ir en bici. A lo largo del jardín se suceden puentes históricos —el de la Trinidad, el del Real, el de las Flores— que cuentan la historia de la ciudad, conectando los barrios y ofreciendo estampas únicas. En el tramo más cercano a la Ciudad de las Artes, el puente de l’Assut de l’Or, con su imponente aguja blanca, es uno de los más fotografiados.

El Cabanyal: El Barrio Marinero

Junto al mar, el Cabanyal-Canyamelar conserva la esencia de un pueblo de pescadores, con sus casas bajas y coloridas decoradas con azulejos modernistas. Pasear por la calle de la Reina o asomarse al Mercado del Cabanyal es adentrarse en otro mundo. Su playa de la Malvarrosa, de arena fina y dorada, es la playa urbana por excelencia, la que pintó Sorolla y donde el escritor Vicente Blasco Ibáñez se inspiró para escribir Cañas y barro. El paseo marítimo, repleto de chiringuitos y restaurantes donde comer una buena paella, es el lugar donde el Mediterráneo y la ciudad se funden.

El puerto de Valencia, uno de los más importantes del Mediterráneo, ha sido remodelado con la Vela XXII (edificio Veles e Vents), un mirador espectacular para ver atardecer sobre las aguas y las embarcaciones.

Los Espacios Naturales: La Albufera

A apenas 10 kilómetros al sur de la ciudad se encuentra el Parque Natural de la Albufera, un humedal de extraordinaria riqueza ecológica. El lago de agua dulce, la muntanya de arrozales y las dunas de la Devesa del Saler conforman un paisaje único. Ver atardecer sobre la Albufera, con su cielo incendiado de colores, es una experiencia mágica. Es el origen de la auténtica paella valenciana, y en sus barrios periféricos —El Palmar, Silla, Catarroja— se pueden degustar los arroces más tradicionales, elaborados con el pato y las anguilas del propio parque.

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