historia y cultura valencia

Los Orígenes: De Valentia a Balansiya

La historia de Valencia se remonta a más de 2.000 años, cuando en el año 138 a.C. el cónsul romano Décimo Junio Bruto fundó Valentia sobre un antiguo poblado ibérico. La ciudad romana, establecida en la actual Plaza de la Virgen, fue un importante centro comercial y militar. Los restos del foro, las termas y el circo con capacidad para 10.000 espectadores pueden visitarse hoy en el Centro Arqueológico de l’Almoina, un viaje fascinante al subsuelo de la ciudad.

Tras la caída del Imperio Romano, Valencia pasó a manos visigodas y, posteriormente, fue ocupada por los bizantinos durante unas décadas. Pero fue con la llegada de los musulmanes en el siglo VIII cuando la ciudad vivió una nueva etapa de esplendor. Bajo el nombre de Balansiya, se convirtió en una de las ciudades más prósperas de Al-Ándalus, con una avanzada agricultura de regadío, una floreciente artesanía y un importante comercio mediterráneo. De esta época datan las primeras murallas, el trazado de los barrios del Carmen y la Xerea, y la intrincada red de acequias que todavía hoy riegan la huerta valenciana.

En el siglo XI, Valencia fue capital de un reino de taifas independiente, gobernado por Abd al-Aziz. En 1094, el Cid Campeador conquistó la ciudad y la gobernó hasta su muerte en 1099, aunque el dominio cristiano fue efímero. Tras la reconquista musulmana, la ciudad siguió prosperando hasta la llegada definitiva de los ejércitos cristianos.

La Conquista de Jaume I y el Nacimiento del Reino de Valencia

El 9 de octubre de 1238, el rey Jaime I el Conquistador entró triunfante en la ciudad, arrebatándola definitivamente a los musulmanes. Esta fecha se conmemora cada año como el Día de la Comunidad Valenciana. Pero el monarca no se limitó a conquistar: dotó al nuevo territorio de personalidad jurídica propia al crear el Reino de Valencia dentro de la Corona de Aragón y otorgarle los Furs de Valencia (fueros), unas leyes propias que rigieron la vida de los valencianos durante siglos y que garantizaban un alto grado de autogobierno.

La ciudad se repobló con cristianos llegados de Cataluña, Aragón y otras tierras, pero se mantuvo una importante población musulmana (los mudéjares) que conservó su lengua, religión y costumbres en las morerías. Esta convivencia, no siempre pacífica, enriqueció culturalmente el territorio. La sociedad valenciana se organizó en torno a gremios y una pujante burguesía mercantil que pronto haría de la ciudad una potencia comercial.

El Siglo de Oro Valenciano: La Lonja, la Seda y el Esplendor Medieval

Los siglos XIV y XV, especialmente bajo el reinado de Alfonso el Magnánimo, fueron la edad de oro de Valencia. La ciudad se convirtió en una de las grandes potencias comerciales del Mediterráneo, rivalizando con Génova y Venecia. Su puerto bullía de actividad, y sus mercaderes tejían redes comerciales que llegaban a Flandes, Italia y el norte de África.

El máximo símbolo de este esplendor es la Llotja de la Seda (Lonja de la Seda), declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Construida entre 1482 y 1548, es una obra maestra del gótico civil mediterráneo. Su Sala de Contratación, con sus impresionantes columnas helicoidales que parecen palmeras de piedra, acogía las transacciones comerciales que enriquecieron la ciudad. En ella se comerciaba con seda, azafrán, paños y especias, y se firmaban contratos que llegaban a toda Europa. Las gárgolas y figuras fantásticas de sus fachadas son un libro de piedra que narra los pecados y virtudes de la época.

Junto a la Lonja, el Mercado Central (ya del siglo XX) ocupa el espacio que históricamente fue el centro del abastecimiento de la ciudad. La industria de la seda llegó a contar con más de 1.200 telares, y los artesanos genoveses y valencianos crearon piezas de extraordinaria calidad. La Taula de canvis, creada en 1407, fue la primera banca pública municipal de Europa, demostrando la sofisticación financiera de la Valencia medieval.

En lo cultural, el Siglo de Oro valenciano fue también excepcional. La literatura floreció con figuras universales como el poeta Ausiàs March y el novelista Joanot Martorell, autor de Tirant lo Blanch, la obra que Cervantes salvaría de la quema en El Quijote. La primera imprenta de la península ibérica se instaló en Valencia en 1474, y en ella se imprimió el primer libro en valenciano. La Universitat de València fue fundada en 1499 por el magistrado municipal, convirtiéndose en uno de los primeros centros de estudio superiores de España.

La Valencia de los Borja y el Renacimiento

La familia Borja (Borgia), originaria de Xàtiva, llevó el nombre de Valencia a la cima del poder europeo. Calixto III (Alfons de Borja) y, sobre todo, Alejandro VI (Rodrigo de Borja) ocuparon el trono de San Pedro en el siglo XV, convirtiendo Roma en un escaparate del poder y la cultura valenciana. Artistas como Pinturicchio trabajaron para ellos, y su mecenazgo atrajo a figuras como Miguel Ángel. El Palacio de los Borja en la Plaza de San Lorenzo, hoy sede de las Cortes Valencianas, es testimonio de su poder en la ciudad.

El Renacimiento dejó obras notables en Valencia, como el Real Colegio del Corpus Christi (El Patriarca), fundado por San Juan de Ribera, o los retablos de pintores como Juan de Juanes, cuya obra puede admirarse en el Museo de Bellas Artes.

La Edad Moderna: Germanías, Expulsión y Decaimiento

El siglo XVI trajo tensiones sociales. La revuelta de las Germanías (1519-1523) enfrentó a los gremios de artesanos y comerciantes contra la nobleza, en un conflicto con profundas raíces sociales y políticas. La revuelta fue sofocada, pero dejó una profunda huella en la memoria colectiva.

En 1609, la expulsión de los moriscos (los musulmanes convertidos al cristianismo) supuso un duro golpe demográfico y económico para el Reino de Valencia. Muchas zonas agrícolas quedaron despobladas, y la economía entró en decadencia. La ciudad perdió peso político y comercial frente a Madrid y los puertos atlánticos tras el descubrimiento de América. La Guerra de Sucesión (principios del XVIII) supuso la abolición de los Furs y la pérdida del autogobierno, imponiéndose el modelo centralista borbónico.

El Siglo XIX: La Ciudad Burguesa y la Expansión

El siglo XIX trajo la recuperación económica gracias al desarrollo de la agricultura de exportación (cítricos, arroz, vino) y al incipiente comercio portuario. La burguesía mercantil se enriqueció y promovió la modernización de la ciudad. Se derribaron las murallas medievales (1865) para permitir el ensanche, y surgieron nuevas calles y plazas, como la Plaza del Ayuntamiento y la calle de la Paz, que se llenaron de elegantes edificios modernistas.

La Estación del Norte (principios del XX) es una joya del modernismo valenciano, con sus característicos azulejos y mosaicos. El Mercado Central y el Mercado de Colón son otros dos ejemplos de la arquitectura de hierro y cristal que transformó la ciudad. La cultura también floreció con escritores como Vicente Blasco Ibáñez, que retrató como nadie la Valencia de su tiempo en novelas como La barraca o Cañas y barro. Su casa en la Malvarrosa es hoy museo.

La luz de la playa atrajo a pintores como Joaquín Sorolla, que convirtió la Malvarrosa y el Cabanyal en sus escenarios favoritos, captando la alegría de la vida mediterránea. El Museo de Bellas Artes conserva una magnífica colección de su obra y de otros pintores valencianos como Pinazo o Benlliure.

El Siglo XX: La Riada, la Transformación y la Capitalidad

El siglo XX trajo momentos trágicos y de gran transformación. La guerra civil (1936-1939) convirtió a Valencia en la capital de la República entre 1936 y 1937, acogiendo a intelectuales como Antonio Machado y siendo escenario de importantes acontecimientos políticos.

El acontecimiento que cambió la fisonomía de la ciudad para siempre fue la gran riada del Turia de 1957. El río se desbordó, causando decenas de muertos y enormes daños materiales. La respuesta fue desviar el cauce del río hacia el sur, protegiendo la ciudad de futuras inundaciones. El antiguo cauce, durante años un espacio abandonado y objeto de polémica, se transformó en el Jardín del Turia, el jardín urbano más largo de España, con más de 9 kilómetros lineales que atraviesan la ciudad de oeste a este. Hoy es el pulmón verde de València, un espacio de ocio, deporte y cultura que conecta barrios y vertebra la ciudad.

Las décadas de 1960 y 1970 trajeron un intenso crecimiento industrial y demográfico, con la llegada de miles de inmigrantes de otras regiones de España. Se crearon nuevos barrios como Nazaret, Malilla o Sant Marcel·lí, y la ciudad se expandió hacia el sur y el oeste.

Con la llegada de la democracia, Valencia recuperó su autogobierno. En 1982, la Comunidad Valenciana se constituyó como autonomía, con Valencia como capital, albergando la sede de la Generalitat Valenciana y las Cortes Valencianas (estas últimas en el rehabilitado Palacio de los Borja). El valenciano fue reconocido como lengua cooficial junto al castellano, recuperando su uso en la administración y la educación.

La Valencia del Siglo XXI: La Ciudad de las Artes y las Ciencias

El gran símbolo de la Valencia contemporánea es la Ciudad de las Artes y las Ciencias, diseñada por el arquitecto valenciano Santiago Calatrava y el ingeniero Félix Candela. Inaugurada entre 1998 y 2005, este complejo arquitectónico y cultural de vanguardia se ha convertido en el icono de la ciudad y en uno de los destinos turísticos más importantes de España. El Hemisfèric, el Museo de las Ciencias Príncipe Felipe, el Umbracle, el Oceanogràfic (el mayor acuario de Europa) y el Palau de les Arts Reina Sofía conforman un conjunto futurista que mira al siglo XXI.

La transformación urbana ha continuado con la rehabilitación del puerto y la creación del Veles e Vents, un mirador espectacular sobre el Mediterráneo, y la ampliación de la red de parques y zonas verdes. La candidatura de Valencia como Capital Verde Europea 2024 refleja su apuesta por la sostenibilidad y la calidad de vida.

Hoy, Valencia es una ciudad abierta, cosmopolita y mediterránea, que ha sabido conservar su legado histórico —desde las murallas árabes a la Lonja, desde el Carmen a la Albufera— mientras se proyecta hacia el futuro con audacia y creatividad. Sus fiestas, especialmente las Fallas, declaradas Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, son una explosión de arte, pólvora y sátira que atrae a visitantes de todo el mundo. Su gastronomía, con la paella como embajadora, es un reclamo universal, y su luz, la luz de Sorolla, sigue inspirando a quienes la visitan y la habitan.

Valencia es, en definitiva, una ciudad con una historia milenaria que late con fuerza en cada una de sus calles, plazas y barrios, y que mira al futuro con la energía de quien sabe de dónde viene y hacia dónde quiere ir.

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